Mas sobre mi y sobre libros de ayer y de hoy


 

Expresión unánime de los amigos y conocidos  al saber que Felipe había puesto una Librería de Viejo: ¡Ah, pues sabes que sí!: Te veo de librero; tienes cara de librero. Y tuvieron razón pues con la librería me fue mejor de lo que nunca pude imaginarme. 

 

Para ponerla en marcha vendí mis libros aunque  para entonces solamente me quedaba el tramo final de la escalera, unos mil quinientos libros. Los peldaños anteriores los fui sacando de casa a medida que  se modificaban mis intereses a lo largo del tiempo .

 

Fue la manera -ya que dinero no tenía- de arrancar el negocio con un fondo interesante. Aquellos libros se vendieron muy bien. Confieso que venderlos no fue tan dramático como podría pensarse aunque a veces añoro alguno. Pero quizá esas relecturas están mejor sin hacer, por si acaso. 

 

Catálogo de la exposición que organicé en colaboración con la Fundación Lázaro Galdiano, de Madrid, con motivo del 38º Congreso Internacional de Librerías Anticuarias del que fui Relaciones Públicas y Coordinador
Catálogo de la exposición que organicé en colaboración con la Fundación Lázaro Galdiano, de Madrid, con motivo del 38º Congreso Internacional de Librerías Anticuarias del que fui Relaciones Públicas y Coordinador


Los libros me proporcionan el sustento, me honran con su trato y me abren puertas a los infinitos mundos que ignoro. Trabajar con libros como yo lo hago es un enorme privilegio aunque el ejercicio de la profesión deje poco tiempo para dedicarles por placer. 

 

Pero todavía en ciertos momentos solemnes me retiro al solaz de obras cuyo brillo consume flamígero los cuidados de la vida y del negocio, Puerta de Oro a una condición más noble.

 

Ciertos libros... 


Escríbeme si quieres comentarme algo.



Felipe Martínez creó la Librería Anticuaria El Camino de Santiago, en León de España a partir de una intensa relación con los libros que venía de la niñez, cuando se quedaba la noche entera -a escondidas- leyendo novelas de Marcial Lafuente Estefanía, Salgari, Julio Verne y después la biblioteca entera del colegio donde estuvo interno.  

 

Fueron los primeros peldaños de la escala libresca que seguramente explica su biografía. 


 

Desde entonces no he vuelto a formar biblioteca personal. Según la antigua tradición -hay referencias en El Quijote y en otros clásicos-, ocurre en cierto momento de la vida de algunos locos del libro, para su bien, que ellos  les abandonen porque ya no hacen falta ¿quizá recobramos la cordura?

 

En mi caso esto se cumplió y mis libros desfilaron vendidos uno por uno. Pero un "punto de locura" bibliofílica se quedó conmigo. 


Hay quien se extraña cuando digo este tipo de  cosas porque perciben que -como ellos- aprecio lo bello y lo excelente y conozco el "pathos", la pasión que suscitan los libros en nosotros (el verdadero Cupido, el de la antigüedad, se representaba con garras afiladas).

 

Pero desde que soy librero y perito en su tasación apenas leo las solapas de los libros,  los prólogos y las obras de referencia, no queda apenas tiempo para más:

 

Busco libros raros, bellos y sabios para mi comercio  y los disfruto mientras están conmigo -hasta que se venden-, como gozo también con el estudio de los libros cuya tasación me encargan cuando actúo como perito.

 

Pero cuando terminan las tareas periciales o cuando los vendo, los libros  se marchan a las  manos de quien los quiere y acaso los necesita más que yo. 

 

Inauguración del 38º Congreso Internacional. Con Michael Steimback, Pdte. ILAB/LILA, Rogelio Blanco Dtor. Gral. Libro del Mtrio. Cultura; Fernández Pontes, Pdte. AILA y Francisco Frutos, representante Diput. Valladolid
Inauguración del 38º Congreso Internacional. Con Michael Steimback, Pdte. ILAB/LILA, Rogelio Blanco Dtor. Gral. Libro del Mtrio. Cultura; Fernández Pontes, Pdte. AILA y Francisco Frutos, representante Diput. Valladolid


Un día comprendí que el libro, como todo, es sólo un depósito temporal. Que al fin desaparecemos mientras la vida sigue, y que los libros también deben vivir su aventura, sujetos a los avatares e incertidumbres de la existencia. Morir, vivir, deshacerse entre las manos de lectores, ser víctimas de la ignorancia, la barbarie, la maldad... Y así, con el tiempo, los supervivientes, uniéndose y separándose unos de otros, como hacemos los hombres que los crearon, llevan en sus páginas y en su encuadernación su propia historia. Su propia vida.

Por eso ya no sufro por mi biblioteca. Sé que un día se verá destruida o dispersa, pero no me angustia esa idea. Aunque algunos volúmenes se pierdan o perezcan en esa diáspora inevitable, otros volverán al mundo para ser rescatados de nuevo y hacer la felicidad de afortunados lectores que tal vez no hayan nacido todavía. Y un día, quizás, esos lectores pasarán sus páginas con el mismo cariño y atención con que yo lo hice. Y cuidándolos, atesorándolos, leyéndolos, tal vez intuyan en esos viejos y nobles libros las huellas centenarias de las manos que los acariciaron o maltrataron, los fantasmas sonrientes de quienes nos inclinamos sobre ellos persiguiendo placer, conocimiento, lucidez. En busca de respuestas a las preguntas que desde hace siglos nos hacemos todos. Arturo Pérez Reverte.  


          


Éste enlace lleva a mi ponencia en el I Acta Internacional de Lengua Española que se celebró en San Millán de la Cogolla en 2006, titulado :  EL COMERCIO EN INTERNET DEL LIBRO EN ESPAÑOL DEBILIDADES, AMENAZAS, FORTALEZAS Y OPORTUNIDADES. 

 

Como puede verse ya entonces me interesaba por todo lo relacionado con el libro y con Internet.

 

De hecho, aparte de crear varias webs propias proyecté y desarrollé dos portales de librería anticuaria financiados por el Ministerio de Cultura, Diputación de Valladolid y varios ayuntamientos (librohispano.com y librerosdeviejo.com), donde estuvieron registradas más de 200 librerías españolas y extranjeras con 2.500.000 de libros a la venta. El objetivo era hacerle frente al control del mercado del libro hispano desde el mundo anglosajón. Desgraciadamente, comenzó la crisis económica y cesaron las ayudas públicas con lo que no quedó más remedio que abandonar el proyecto pues se basaba en la gratuidad total para los libreros y compradores. No pudo ser.